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Más caretas que en Diablada pillareña. Más alcohol que en Mama Negra. Así puede describirse la vida después de dos años de pandemia. De modo que a estas alturas nadie necesita que se le recuerde que volverse “Viral” en internet es una analogía sobre la dinámica expansiva de una enfermedad en la población. Es, por consiguiente, algo más que lo masivo. Es aquello que se distribuye de modo muy muy rápido; al punto que la variable tiempo es la característica definitoria para el aparecimiento, la efervescencia, y el subsecuente olvido que marchita a todos los fenómenos virales.

Sin embargo, en las redes sociales surgen como expresiones con poco en común. Un gato de rostro amargado; un gordo bailando como caballo lipizzano; el reto del autocarnavalaso solidario; o los inagotables pretextos para abofetear al joven maravilla no se asemejan mucho entre sí, ni en mensaje ni en formato. Por lo tanto, el concepto que los englobe ameritaba una definición holgada: “una imagen, video, fragmento de texto, etc., típicamente de naturaleza humorística, que es copiado y difundido rápidamente por los usuarios de Internet, a menudo con ligeras variaciones.” (Oxford, 2018).

ser viral en internet
¡Hola internet!

Esta acepción permite, en principio, separar lo viral de otras facetas populares de las redes sociales, como las tendencias (contenidos distintos que gravitan alrededor de un mismo tema, #trendy); los Influencers (personas que, por su número considerable de seguidores, marcan la conversación en redes, #situlodices); y esclarecer que lo viral no son únicamente los Memes, imágenes consagradas a las que todo el mundo trepa como polizón, por ser aplicables a un amplio rango de situaciones (Bad Luck Brian, Pepe the Frog, Leonardo DiCaprio and a Cup). Sin duda la manera más rápida de obtener éxito en la web sin realmente tratar.

fenómeno viral en internet
Así es Leonardo…¡Lo eres!

No obstante, las ambigüedades que siguen deshilvanando al significado de lo viral (“típicamente”, “a menudo”, “variaciones”…), dificultan establecer por qué sólo un puñado de manifestaciones del inmenso océano que es la red, destacan lo suficiente para ser considerados como tales. Ciertamente, explicar lo viral es bastante más complejo que constatar una cifra estratosférica de likes.

Pero no es erróneo que todo empiece con un número, o más precisamente con una operación matemática. Para “romper el Internet” un contenido debe funcionar de forma similar a la pirámide de Don Naza, y ser reposteado en los medios digitales más veces que las que es visto. Si los receptores subsecuentes mantienen el mismo comportamiento, entonces atestiguaremos crecimiento exponencial ¡Et voilà! tendremos una publicación viral. La métrica varía, en todo caso, de red social en red social, pues aún entre las más populares hay brechas de usuarios activos que las vuelven incomparables. Escalar a la cima de Twitter (396 millones de cuentas) no es fácil, conquistar la de Facebook (2.9 mil millones) lo es todavía menos.

hacerse viral en internet

Lo peor de todo es que en la mayoría de casos, quienes lo logran, ni siquiera lo hicieron a propósito. En primer lugar está la forma fácil, que consiste en dar rienda suelta a la espontaneidad (Chewbacca Mom, Just a Foo and his Juice); luego están quienes se vieron en medio del escrutinio público por un evento fortuito (Gracias por Visitarnos; Cold Bernie). La forma difícil pasa cuando una cámara llega puntual para filmar hechos particulares o abiertamente perturbadores (Brian Peppers, ¿Quieres probar mi Poder?); y finalmente está la forma ridícula, de los que conjugaron cándidos sueños con torpeza artística, creando geniales monumentos al absurdo (Ecce Mono, The Room, Torres Gemelas).

Lo Viral en Internet

Como hemos señalado, estos fragmentos alcanzaron celebridad por el puro azar. Empero, hay quien cree que es posible reducir lo viral a unos cuantos principios básicos, que garanticen penetración electrónica (como prometen, por ejemplo, las estrategias de marketing viral). Dada la complejidad y el recambio constante del internet, ello no sólo suena petulante, sino también estéril. Después de todo, la mayoría de las referencias virales documentaron, sin más, un pedazo del caos del mundo, y lo transformaron en algo tan extraordinario, que ni siquiera un abanderado del pabellón nacional podría haber planificado. Si el ciberespacio funciona roto ¿entonces para qué arreglarlo?

Pues porque el renombre digital puede ser rentable, lo suficiente para costear una vida decente, y en ocasiones, incluso una indecente. Khaby Lame, el joven senegalés-italiano de mueca escéptica (Useless Life Hacks), se convirtió en el primer self made millonarie de TikTok, al amasar 2 millones de euros en 2021. Es por ello que pueden encontrarse en todas partes personas que, con mayor o menor destreza, dedican sus días a la alquimia de convertir su vagancia en fama y fortuna (Ter, Nancy Risol, BatDad).

A pesar de ello, nadie puede afirmar poseer la clave de bóveda que abre el corazón de los internautas (…bueno, exceptuando quizá Alvarito). Empero, la historia de la web permite reconocer algunos rasgos, tanto endógenos a las publicaciones mismas, como exógenos en las motivaciones de quienes las comparten, que son recurrentes en los fenómenos virales los cuales, evidentemente, no los agotan.

De tal forma, la primera y más elemental propiedad de lo viral es ser único; y es bastante más fácil de decir que de hacer. Imágenes cautivantes (Guerrillero Heroico), videos que encierran una sorpresa (The Great Train Robbery) y hasta influencers (La Torera) han existido mucho antes del espacio virtual. Pero lograrlo deliberadamente y con identidad (First Kiss, The Floss, Despacito) demanda, como todas las empresas creativas, de originalidad, sintonía con el espíritu de la época, y tal vez suerte. Si no se tiene el talento para reconocerlas, fácilmente se termina confundiendo lo vulgar y chocante con lo ingenioso ¿si me entiende José Delgado?

Un segundo ingrediente es que sea inteligible. La web está desequilibradamente parcelada por idiomas: inglés (25,8%), chino mandarín (19,4%), español (7,9%), árabe (5,2%), etc. Por ello la mayoría de los posts virales primero la rompen en el mundo anglo, y luego se adaptan para otras audiencias. En ese sentido ¿Cabe la posibilidad de trascender fronteras, idiosincrasias y gustos? ¿de información universalmente comprensible? Estudios de antropología transcultural demostraron que el humor de Chaplin, silente y basado en comedia física, puede ser disfrutado por un sinfín de etnias. Ese patrón, deja pistas sobre la importancia de un idioma mundial. Si decimos en japonés líneas como お誕生日おめでとうo en armenio Որպեսզի դու բուժես ինձ, երբ ես վիրավոր էի, եթե այսօր դու ինձ թողնես կոտրված սրտով es probable que los lectores no lo comprendan. Nosotros tampoco. Pero sí las ponemos como:

🥳 🎂 👉U

y

❓ 👩‍⚕️ 🩹 🤕 📅 💔

Es más fácil adivinar que la primera es el canto de hacerse viejo, y la segunda un verso cardiaco de Alejandro Sanz. Así, los niños del futuro pueden despreocuparse de aprender Inglés, Latín, o Esperanto. La primera lingua franca verdaderamente universal está aquí y son los emojis. Facilitan una comunicación amplia en redes sociales, y por eso edulcoran buena parte de los mensajes viralizados globalmente.

como hacer algo viral en internet

Mas, el desafío de la inteligibilidad tiene otro aspecto no lingüístico. Para ganar tracción muchas publicaciones recurren a noticias de actualidad (La Glifé) o temas de dominio público (Oliver vs. Correa). Ello demanda que el espectador comprenda un cierto contexto. No obstante, este atajo se transforma en una limitante que relega la mayoría de los contenidos virales a una comunidad idiomática, país o región. Quizá en todos los continentes se puede referenciar el origen de los Simpsonwave; del Río Bravo a la Patagonia resulten graciosas las parodias del Chavo; pero bromas sobre el político al que le dicen “Ficus” en Serbia porque es tan activo como una planta, no las captamos de inmediato. Igualmente sólo en Ecuador se entiende a La Banguera Durmiente, y la gente fuera de Quito no se explica por qué es recordado el guagua alcalde.

Un tercer requisito, es aparecer casual. A diferencia de los cocineros que fingen acentos franceses y los selfis con accesorios Cartier que se pagan desde enero, en lo viral la modestia funciona. Scooter Braun, manager musical que tiene como mérito haber tomado un niño alegre y transformarlo en ese bulto de drogas y problemas mentales que llamamos Justin Bieber, refiere que su estrategia para popularizarlo fue subir videos de calidad casera, que simularan haber sido filtrados. En esos años de ascenso de YouTube, un video sin saludo o subtítulos, inducía al espectador a la impresión de estar ante algo que no debía ver, y ello representaba un estímulo espectacular para copiarlo. Desde allí lo genuinamente casual (Double Rainbow) o las actuaciones que lo simulan (Igualitos), se han asociado a lo  viral, y podrían explicar porque la espontaneidad de una red como TikTok empieza desplazar a las elaboradas y pulidas imágenes de Instagram.

Todavía podrían plantearse otras características inherentes a lo viral, pero ello no dice suficiente acerca de la propia gente. Sobre las particulares y complejas motivaciones que tiene para retuitear un comentario, reenviar un meme, hacer copy/paste de una imagen o reproducir un video. Para esta, como para el resto de preguntas de la vida, la respuesta puede encontrarse desempolvando el diccionario.

Justamente, la palabra correcta es E-NAN-TIO-SE-MÍA, aunque hay quien toma el anglicanismo “Contranónimo” o se vale del vocablo compuesto “Auto-antónimo”, que son más fáciles de pronunciar. El concepto se refiere a las pocas palabras en lengua castellana que tienen dos significados perfectamente opuestos. Por ejemplo, “ejecutar”, denota tanto llevar adelante una acción (Quiso ejecutar el antivirus…), como acabar con algo o alguien (…pero un virus ya lo había ejecutado). Otro ejemplo es “alquilar”, que se usa tanto para el propietario de un inmueble que lo da en renta, como para quien paga por ocuparlo; dualidad de sentidos útil para explicar esas paradojas propias del divorcio, como “Ando alquilando mi casa”.

No hace falta que la Real Academia Española lo valide como enantiosemía, pero en la experiencia de las redes sociales “Compartir” es también “Adueñarse”. Es hacer mío ese mensaje que considero valioso ya sea porqué es divertido, asombroso o informativo. Que quien distribuya la información no sea su autor original es absolutamente indistinto; por igual sirve para que los miembros de mi círculo se formen una idea sobre mí, y mi magnética personalidad.

Esta es la razón por la que los contenidos ligeros son compartidos en las redes abiertas, mientras los mensajes más polémicos, como las varias “Ladys” o algunos hechos violentos (Rúales, la crisis carcelaria, etc.), sexuales (el superdotado del WhatsApp) se han viralizado preferentemente a través de los servicios de mensajería privada (algunos encriptados), en los que el remitente tiene mayor control respecto a quien los envía. Subyace en lo compartido un evidente juego de prestigio, que es de máximo reconocimiento del usuario. Es por ello que lo viral puede sintetizarse en la fórmula 33% chiste 🤭, 33% chisme, 😈 100% imagen 🤵.

Así, como una gota de agua que refleja el entorno circundante, los fenómenos virales son la personificación, renovada para la era digital y la sociedad globalizada, de prácticas humanas perennes como la comedia, el rumor, o la comunicación visual. Es por ello que, entenderlas, es un camino para entendernos a nosotros mismos y nuestro tiempo.

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